Un pensamiento o idea es algo abstracto que no podemos percibir a través de nuestros sentidos porque se ha producido en nuestro interior, así el pensamiento hace parte de lo que somos nosotros mismos, nos identificamos con él y con él entendemos y modelamos el mundo.
Un pensamiento físicamente hablando son impulsos bioeletromangnéticos, es decir, el pensamiento es energía capturada y procesada por estructuras celulares biológicas que producen energía, y la energía se expresa en el mundo mediante vibración y ondas.
Los pensamientos están compuestos de lo que esta compuesto el Universo, de energía y ésta es capaz de formar las estructuras de todo lo que existe.

Tenemos en nuestro interior, la capacidad creadora del universo, pero a diferencia de las cosas inanimadas y los seres vivos como vegetales y animales, la naturaleza nos dio la capacidad de tener consciencia, libre albedrío y un cerebro que es capaz de crear todas las realidades mediante los pensamientos.
Podemos hacer una analogía de nuestro cerebro con un sistema computacional de hoy en día, con el fin de comprender mejor su correcto uso. El objetivo final de nuestra existencia es que lleguemos a ser conscientes que tenemos a nuestra disposición la máquina biológica más avanzada que haya podido crear este planeta y que bien programada (pensamientos), podemos generar bienestar y gozar de la abundancia que el universo tiene para nosotros.
Ser conscientes ahora de nosotros mismos y nuestra relación íntima con todo, nos da la posibilidad que desde los primeros años de vida de nuestros hijos les enseñemos a manejar adecuadamente su pensamiento con el fin de que cuando crezcan, tengan las habilidades para crear su propia realidad agradable y hacer la vida de los demás, también agradable.
La consciencia universal significa que no somos seres aislados o separados de los demás, implica tener presente que somos parte de otro gran organismo que también es mental y posee sus propias leyes, por eso el pensamiento y nuestras acciones no terminan en los límites de nuestro cerebro o nuestro mundo, se comunican y almacena en forma de energía en muchos otros planos energéticos de los cuales no somos conscientes.

Nuestros sentidos nos permiten explorar el mundo físico, pero también nos limita a la cantidad de información que tenemos de él. Por ello, hemos construido herramientas que nos permiten capturar más información y a través de nuestra lógica hemos impuesto leyes y descubierto leyes universales que nos permiten explicar el mundo y manipularlo. Esta búsqueda de conocimiento esta ligada a nuestra naturaleza de dominar nuestro miedo mediante el entendimiento. Entender el universo es entendernos a nosotros mismos, tal como lo afirmo Carl Sagan.
«El Universo es un viaje para autodescubrirnos» – Carl Sagan
El camino de la consciencia del hombre ha sido largo para la humanidad y una fracción de tiempo para el Universo. El hombre de las cavernas se enfrentó a situaciones de vida y muerte, en dónde sus instintos y emociones dominaban su mundo. Pronto aprendimos que el trabajo con otros era importante para sobrevivir, pero también luchar contra otros por recursos, desarrollar herramientas para explorar y defendernos de cualquier cosa que nos quiera matar.
Aprendimos a respetar y valorar lo que nos da vida como el sol, la luna y la madre tierra; pero también lo que nos la quita, como las fuerzas destructoras de la naturaleza y los animales feroces. Naciendo así, nuestros mudos espirituales y religiosos, como parte de una sensación que hay algo más que no podemos percibir, pero que existe y nos rige.
«El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente» – Carl Sagan
Hoy en día, seguimos siendo los mismos hombres asustados, pero ya todo el tiempo, porque nuestros miedos en su gran mayoría imaginarios, se han vuelto una carga mantenida en nuestras vidas, creando estrés, sensaciones de negatividad y frustración. Nuestras herramientas para dominar el mundo que nos rodea, se han vuelto contra nosotros mismos, encerrándonos en nuestro propio pensamiento y utilizándolas para manipular y hacer daño a otros.
La sensación de que estamos aislados y no tenemos control de nuestro contexto y circunstancias nos llevo a dejar nuestro destino a un conjunto de seres omnipotentes, creadores – destructores de todo lo que existe, para ponernos al servicio de sus leyes y esperando ser bendecidos por los mismos. Aquí, empezamos relegar nuestro poder de decisión y creación a sus representantes en la tierra y siempre y cuando sigamos sus reglas podemos estar tranquilos. Nuevamente, el miedo es la principal herramienta e control.
Sin embargo, no todos los hombres siguieron asustados. Un grupo dejo de buscar afuera, dónde no encontraba respuestas y comenzaron a buscar dentro de si mismos. Esta búsqueda interior los llevo a entender que nuestra mente es una herramienta que debemos entender y saber usar, es un cuchillo afilado que nos permite cortar y si no tenemos cuidado nos cortamos a nosotros mismos.

Algunas culturas desarrollaron arquetipos mentales o filosofías y otras culturas desarrollaron disciplinas basadas en la contemplación y cuidado del cuerpo y sus procesos internos; ambas posturas se complementan y con la práctica de sus acciones nos puede conducir al autoconocimiento.
El autoconocimiento se puede entender como la incorporación de una conjunto de hábitos en nuestra vida, que nos lleva a un estado mental y emocional, elegido y generado por nosotros mismos, encontrando el verdadero poder del ser humano para elegir su pensamiento ante las circunstancias y encontrar la paz mental y emocional que se acerque mucho a su concepto de felicidad.
«Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses». – Inscripción en la sala de la Sibila Oráculo de Delfos